capítulo 2 No te juntes con Aldana



No te juntes con Aldana

“Cuando pienses que el amor

Se ha olvidado de que estás ahí

Vuela, vuela con tu imaginación…”

—Vuela, vuela, Magneto—

A partir de este momento las cosas cambian un poco, sé que no les conté mucho al principio, más que partes de la vida de Andrea, pero de aquí en adelante la historia se pone mejor, «¿Recuerdas cómo era la vida sin celular e internet? ¿No?». Bueno, te ibas de verano y no podías comunicarte con nadie hasta el nuevo inicio de clases, a menos que fueras en verdad muy, muy amigo de alguien, entonces le dabas tu teléfono de casa o te iba a ver a la misma, entonces no te podías poner al día con las noticias hasta que regresaras a la escuela.

Y así fue como llegó el segundo año de secundaria, Andrea en verano salía con sus papás a lo mucho una o dos semanas, pues su mamá tenía un pequeño preescolar y debía regresar para dedicarse al periodo de inscripciones. Justo en ese verano, sus primos Pablo, Sebastián y René que vino en verano, ayudaron a pintar los juegos de la escuela, mientras ella le ayudaba a su mamá a acomodar los libros dentro de la misma.

El verano pasó rápido, llegando junto con él, los trece años de Andrea y el primer día del segundo año de secundaria. Cambiaron de salón, pero una vez más, Andrea se sentó atrás de Iván y a un lado de Toño. Con Toño decían que ella escribiría una gran historia y él la filmaría. Iván llegó a sentarse y las preguntas empezaron.

—¿Cómo te fue en vacaciones, Andrea? —preguntó.

—Bien, cada año me voy de vacaciones con mi abuelita y mis papás, claro que después de eso es puro kínder, pero bien. ¿Y tú qué tal? —dijo Andrea.

—Tengo novia —dijo Iván sonriendo y dejándola extrañada.

—¿Qué? ¿Quién? —preguntó.

—Rosalía, la chica que siempre me ha gustado —dijo Iván.

—Pero ella es de tercero —comentó Andrea con sorpresa.

—Sí y te dije que se la quitaría a Alberto —dijo Iván y con una sonrisa remató—, lo cual te deja a ti el paso libre con él.

—Estás loco, yo no vengo a la escuela a tener novio. Mis papás me matan primero, antes de que yo pueda tener novio a los trece.

La verdad era que no creía tampoco tener posibilidad de conquistarlo.

—Okay, lo que digas Andrea, pero nada pierdes con intentar pintarte tantito.

—Estás loco —dijo Andrea entre risas.

 

En otra parte de la escuela, una conspiración se iba formando y todo por el gran Iván Berman, el grupo de seudo amigas de Andrea, estaban hablando justo de ellos dos.

—Mientras Iván siga siendo amigo de la gorda no vamos a poder acercarnos —dijo África.

—Pero todos los chavos quieren y cuidan a la gorda —comentó Liliana, todas la miraron—, en serio, no bromeo, todos le dicen gorda, pero si la quieren.

—Sí, pero podemos hacerle algo a ver si así se aleja de Iván un poco, en serio me desespera que a todos lados anden juntos —expresó Camila.

—¿Por qué les molesta tanto que la gorda sea amiga de Iván? —dijo Alicia.

Ella también era una compañera de Andrea de cuando iban a la escuela primaria y de hecho, le agradaba, habían sido amigas, por decir algo, desde ya hace tiempo, uno podría decir que Alicia haría algo al respecto, pero cuando ves que la mayoría molesta a alguien no quieres ser el defensor, quieres estar del lado que crees será el ganador y ella pensaba que estaba con las ganadoras.

—No sé, pero me enoja, además de que todos los chavos del salón siempre andan “la gorda esto, la gorda aquello, hay fiesta, en casa de la gorda”. Todo ella —expresó África con molestia.

El peor enemigo de una mujer es otra mujer y estás chicas algo traían contra Andrea, pero ella no hacía mucho caso, lo que sí es que, como cualquier chica, siempre quieres hablar cosas de mujeres y eso era algo que Andrea no podía hacer con Iván ni con Toño.

Pues su plan comenzó, Andrea estaba en la cafetería comiendo el lunch que su mamá le mandaba todos los días: sándwich y lo único que compraba era agua o refresco. Eso sí, siempre pegada a su libreta donde la vida tenía más sentido que fuera de ella. África se acercó a ella y se sentó.

—Hola África. ¿Qué se te ofrece? —preguntó Andrea.

—Hola, oye, ¿ya te dije que Alicia es una hipócrita? —dijo África de golpe.

—No, ¿por qué dices eso? —preguntó Andrea.

—No sé si sepas, pero a mí me gusta mucho Max, desde el año pasado y ahora resulta que Alicia quiere ser su novia —explicó África su sentir.

—Ese es el problema cuando todas buscan a los mismos chicos. ¿No?

—No vayas a decirle nada de lo que te dije —dijo África.

—Okay.

África se levantó y se fue, en eso entraron las dos chicas del grupo “b” que vio la vez pasada, iban gritando y manoteando, era la segunda vez que Andrea veía a ese par y le daba mucha risa verlas peleando todo el tiempo, pero se mostraban divertidas. Eso era lo que quería, amigas con las cuales tener ese tipo de peleas o conversaciones, pero como le costaba eso a la niña. Otra cosa que pasaba era que no había visto a Alberto en varios días «¿Le habrá afectado mucho que Iván le quitará a su novia?» pensaba.

Andrea regresó al salón, pasaron las clases y cuando sonó la campana para el segundo receso Iván se acercó a ella.

—Oye voy a ir con Rosalía no podremos platicar —dijo Iván.

—No te preocupes, me quedo a escribir.

—¿Escribir?, mejor sal a buscar novio —dijo entre risas Iván.

—Burro —le gritó Andrea riendo.

Andrea empezó a escribir cuando Alicia se sentó cerca de ella. 

—Oye gorda —dijo Alicia.

—¿Qué pasó, Alicia?

—No le vayas a decir a África, pero me encanta Max —dijo Alicia.

—Pues creo que eso ya lo sabe —comentó Andrea.

—¿Cómo que ya sabe? —preguntó Alicia.

—Pues ustedes todo el tiempo dicen que les gusta Max o Iván, ¿qué secreto puede ser? —dijo Andrea obviando lo dicho por Alicia.

—Es una maldita. Gracias amiga —dijo Alicia poniéndose de pie y saliendo del salón.

Andrea se quedó extrañada por lo que pasó, Iván regresó al salón, miró a Andrea y se acercó.

—¿Qué es lo que les pasa? —dijo Iván.

—¿Quién sabe? Desde hace rato andan diciendo que si Max, que si no sé qué, como si a mi me importara —dijo Andrea, mientras Iván comenzó a reírse—. ¿Qué?

—A ti el único que te importa es el que te lleva dos años, acéptalo —exclamó Iván.

—Tú también me llevas dos años y no me interesas, no te hagas ideas que no son, yo vengo a estudiar —comentó Andrea.

—Sobre todo porque tomas los apuntes que tu papá tanto te pide —dijo riendo Iván.

—Cállate bobo —dijo Andrea sintiéndose descubierta.

Era cierto lo que Iván decía en cuanto a los apuntes y a que estaba preocupada por Alberto, pues no lo había visto desde el último día de clases.

La semana pasó rápido, Andrea no vio a Alberto durante ese tiempo, incluso pensó que posiblemente ya se había cambiado de escuela «¿Por qué otra razón no iría?». Ella iba los sábados a la escuela porque ese día se ofrecían talleres de pintura, fotografía, teatro, coro, etc. Le gustaba mucho todo lo que tenía que ver con arte, amaba con todas sus fuerzas bailar, pero el físico no le ayudaba, iba a clases de pintura y teatro, incluso en la última escribió varias obras que representaron, por lo que su forma de escribir estaba siendo reconocida por sus compañeros, pues les habían gustado sus obras. 

En ese momento, estaban justo en la clase de teatro con el maestro Luis, que se encargaba del taller.

—Bien chicos, la directora quiere que este año se haga pastorela. Hay que buscar una, por lo que tendrán que ir a la biblioteca a investigar —dijo el maestro.

—¿Y por qué no la escribe Andrea? —propuso Toño a su amiga escritora y dejándola sorprendida.

—¿Yo? —dijo Andrea abriéndole los ojos lo más grande posible a Toño que reía.

—Sí, tú eres buena escribiendo, ¿por qué no? —dijo Iván dándole un codazo.

Porque la van a ver todos en la escuela, cuando escribo aquí sólo son diez personas las que leen mis escritos y ahí va a ser la escuela entera —comentó Andrea.

—¿No confías en ti? —dijo el maestro Luis.

—No.

—¿Cuál es el caso de que escribas y todo quede guardado en tus libretas? —expresó Toño con una sonrisa.

—Tus amigos sí confían en ti, escríbela, tienes tiempo y si me gusta la ponemos, si no, buscamos otra.

—Okay —respondió Andrea.

Todos empezaron a hacer algo más en lo que el maestro acomodaba sus cosas.

—¿Por qué dijiste que yo, Toño? Bien pudiste ser tú, siempre has dicho que quieres ser cineasta —dijo Andrea.

—Sí lo sé, pero una cosa es hacer películas y otra muy diferente es escribir y eso es lo tuyo, vas a ver que te sale bien —manifestó Toño con una sonrisa.

—Okay. ¿Qué puede pasar? Sólo que toda la escuela se ría de mí —dijo Andrea y rio—. Un momento la escuela ya se ríe de mí por ser gorda, aumentar algo más no creo.

—Al contrario, si ya se ríen qué más da —dijo Iván.

—Gracias amigo —expresó Andrea entre risas junto a Iván.

—Voy por un refresco y te veo afuera —comentó Toño.

El timbre anunció el final del taller de teatro y comenzaron a recoger sus cosas.

—¿Ya te vas? —preguntó Iván.

—En un rato, voy a verme con Toño, todavía me falta ir a coro.

—Te veo en la salida —dijo Iván saliendo del salón.

Andrea recogió sus libretas y tomó camino, en eso Toño la paró en seco en la escalera.

—¿Qué pasa, Toño? —preguntó Andrea.

—No bajes Gorda —dijo un poco asustado Toño.

—¿Por qué? —preguntó Andrea con nerviosismo.

—Acabo de oír que te van a echar pleito, te dije que no te juntaras con África.

—Pero, ¿a mí? ¿Por qué? ¿Yo qué hice? —dijo Andrea asustada.

—Dicen que eres una mala amiga e hipócrita, no sé qué pasó —comentó Toño.

—Pero yo no he hecho nada. A lo mejor escuchaste mal, además. ¿Qué van a hacerme?

—Yo te sugiero no hacerles frente —dijo Toño.

Pero Andrea bajó al área de baños para aclarar el mal entendido, ella vio al grupo de chicas y cuando iba acercándose África gritó:

—¡Ahí estás hipócrita!

«Trágame tierra», pensó Andrea al escuchar los gritos de África y al ver que varios compañeros se pararon a ver el show.

—¿Hipócrita? ¿Al menos sabes qué significa la palabra? —respondió Andrea.

Cachetadón en la boca le dieron por pasarse de lista, sólo tomó su rostro y con lágrimas miró a las chicas, por Dios, tenían trece años, ¿cómo es que podían actuar de ese modo?

—¡Tú le dijiste a Alicia que me gusta Max! —gritó África.

Andrea se empezó a reír, al parecer quería otra bofetada.

—Para empezar, no tienes por qué pegarme, porque ni mi mamá me pega, en segunda, todo el tiempo están hablando de que les gusta mengano o zutano, ¿cómo va a ser un secreto? —comentó Andrea.

—¡Tú nos quieres separar! —reclamó Alicia con desfachatez.

—Están locas —dijo Andrea.

—¡Lo que pasa es que como a ti nadie te quiere pinche gorda, piensas que puedes andar envenenando a la gente! —gritó África.

—Sí pinche gorda. Marrana —siguió con los insultos Alicia.

Que le pegaran no le dolió, le dolió que le dijeran todas esas cosas enfrente de todo mundo, ella tomó su mochila y salió corriendo. Lloró todo el rato que esperó a su papá en la jardinera, en eso llegó como siempre su salvador.

—¿Día difícil? —preguntó Alberto.

—¿Qué haces aquí? No viniste en toda la primera semana —dijo Andrea.

—Tuve algunos inconvenientes, pero los sábados no me los pierdo, me encantan las clases de música, es lo único que me gusta —dijo sin vergüenza Alberto—.  ¿Qué te pasó? ¿Quién se atrevió a hacerte llorar?

Lo miró impresionada como si él fuera a hacer algo al respecto, ella agitó su cabeza, sacando la idea.

—Ya sabes, lo de siempre, pero esta vez me lo dijeron frente a todo el mundo y todavía peor, dicen que soy una hipócrita y no sé qué tanto —exclamó Andrea.

—Son tus mismos compañeros de primaria, ¿verdad?

—Sí, bueno no todas.

—¿Por qué no te cambias de grupo? Vete al “b” de hecho te voy a contar un secreto, reprobé año y entraré a segundo contigo, pero al “b”, bueno eso si decides cambiarte conmigo —dijo Alberto con una sonrisa.

—No te gusta la escuela, ¿verdad? —preguntó Andrea.

—No sólo es eso, mi vida no es muy fácil —dijo el chico con un rostro triste—. Pero tú eres muy afortunada porque tienes una bella familia.

A veces las personas externas ven las maravillas que te rodean más que tú mismo.

—Gracias, yo veo que a mí papá todos lo aprecian mucho —comentó Andrea.

—Es lo que te dije, es mi maestro favorito —dijo Alberto con una sonrisa.

—Le voy a platicar a mi papá y a ver que tal nos va juntos.

Alberto quería seguir con la conversación, pero Andrea se puso de pie.

—Te dejo, debo ir a recoger a mi hermano y a mi primo, espero verte el lunes.

—Claro —dijo él queriendo tomar la mano de Andrea.

Pero ella se fue antes de que eso llegara a pasar y él sonrió. Las personas que están fuera de nosotros siempre ven las cosas desde otro ángulo y si Andrea hubiera visto lo que yo vi huy.

 

Esa tarde, les platicaba a sus papás lo ocurrido en la escuela, claro omitiendo muchos detalles «¿Por qué?». Nunca lo sabré, creo que cuando eres puberto y adolescente no platicas todo a tus padres y muchas de esas cosas podrían salvarte la vida o un daño futuro, pero no lo hacemos por miedo, claro que en los 90’s aún había demasiados tabúes, por ejemplo, hablar de sexo a tus trece con adultos era una locura, entonces lo platicabas con tus compañeros inexpertos o igual de tontos que tú y obviamente sólo se malinformaban, en fin, Andrea no quería decir todo lo que le habían gritado porque pensaba que dirían, «pues no se equivocan, estas gorda hija, hay que ponernos a dieta como las mil quinientas veces anteriores».

—Creo que sí estaría bien que te cambies al grupo B, el grupo donde estás es muy conflictivo y el “B” es un grupo bonito —dijo Diego el padre de Andrea.

—Gracias, papá —contestó Andrea.

—Pero ¿por qué quieres cambiarte de repente? —preguntó Laura su madre.

Le daba pena que supieran todo lo que le habían dicho, en la actualidad le dirían bullying, pero antes así era y era lo más normal del mundo.

—Nada más, hay unas muchachas que me molestan mucho, entonces creo que lo mejor es cambiar ya de aires —contestó Andrea.

—Okay, pues le hablaré a la directora y yo creo que el lunes inicias en el grupo “B”—dijo Diego mientras comían.

 

Y así fue, el lunes se presentó Andrea con su padre a platicar con la directora y está dijo que sí, que no había ningún problema, que podría cambiarse de grupo.

—Muchas gracias maestra Reina. Ahora vete a tu nuevo salón, Andrea —dijo Diego.

Andrea tomó su mochila emocionada por haber cumplido con su cometido, estaba por salir cuando su padre gritó.

—Espera Andrea, hay algo más, por favor, no te juntes con Aldana, es un desastre total, en fin, intenta sentarte en otro lado —suplicó Diego.

—Entiendo papá, nos vemos en clase. 

Andrea salió corriendo, iba emocionada, conocería gente nueva y sí prácticamente todos eran nuevos para ella, nadie le diría "gorda", claro por ese momento pensó, pero nadie la conocía por la gorda lo cual ya era ganancia y por otro lado tal vez se convertirá en amiga de Alberto.

Ella llegó al salón de clases, se paró en la puerta y vió que la maestra de física ya estaba dentro, le hizo una seña, todos dentro del salón empezaron a cuchichear al verla y sintió nervios, la maestra le dijo que pasara. Miró el salón y que todos la veían y al fondo observó que alguien le hacía señas.

—¡Hola, siéntate aquí! —dijo la chica.

Era una de las chicas que había visto manoteando. Andrea quería ser amiga de ellas a ver que tal le iba, de inmediato se sentó a su lado.

—Hola me llamo Elisa, tú eres la famosa Andrea Milani. 

—¿Cómo famosa? —dijo Andrea nerviosa.

—Todo el mundo te conoce, porque eres la amiga de Iván e hija del maestro de Geografía —contestó Elisa.

—Ah. Entonces ser amiga de Iván. ¿Es la forma en la que me identifican? —preguntó Andrea.

—Sí —dijo riendo Elisa.

—Bueno, al menos me identifican, no soy del montón —dijo con una sonrisa.

—No, yo siempre me he referido a los demás como a los alumnos de relleno —dijo Elisa riendo.

Y ahí fue cuando se iluminaron los ojos de Andrea, Alberto llegó al salón, con su carpeta en la mano, la camisa de manga larga arremangada a los codos, pasando sus dedos entre su cabello, parecía que lo veía en cámara lenta, al verla sonrió y de inmediato se fue a sentar a su lado.

—Lo lograste —dijo Alberto con una sonrisa.

—Sí, eso parece —contestó ella nerviosa.

—Qué bueno —dijo Alberto mientras los dos se miraban y sonreían como bobos.

Se sentía muy emocionada, estaba cerca de él, en eso sonó la campana entró el maestro de matemáticas. Andrea había perdido la primera clase por la plática con la directora, pero eso quería decir que Alberto había llegado tarde, tenía que empezar a mejorar si no quería repetir año. El maestro de matemáticas los organizó en equipos, Andrea y Alberto no conocían a nadie, miraban para todos lados.

—Vengan con nosotros —gritó Elisa.

Ellos jalaron sus mesabancos para formar el círculo.

—Hola, yo soy Elisa —dijo la chica presentándose con Alberto.

—Yo soy Sol —dijo otra chica del círculo.

Hey, la chica con la que siempre estaba Elisa, Sol y la otra chica que se acercó también eran gorditas. Sol y Andrea eran más llenitas que Elisa y Karla, pero al final las dos últimas eran consideradas gordas. En estos tiempos se les dice curvy y de aquí sale el nombre de nuestra historia.

Sol era una chica gordita, morenita de aspecto costeño con el cabello ensortijado, era alta. Elisa también tenía el cabello chino, blanca y pecosa, era más bajita que Sol y que Andrea. La última chica era Karla, ella era pequeñita yo creo que a lo muchos a de haber medido 1.50 metros, de cuerpo cuadrado, no era tan llenita, pero como les digo decían que lo era, su cabello era lacio y bien maquillada.

—Hola, mi nombre es Karla. ¿Tú eres la amiga de…? —preguntó Karla y Andrea interrumpió viendo a Elisa.

—Sí de Iván —contestó Andrea.

Alberto se puso serio al escuchar eso, «¿Acaso se molestó?». Bueno, Iván le había quitado a su novia en el verano, de seguro era por eso. El maestro dio una instrucción de trabajo y todos comenzaron.

—Elisa ya me compré la misma mochila que tú —dijo Karla, la aludida sonrió un poco molesta.

—Siempre tienes todo como yo —contestó Elisa con un tono sarcástico.

Andrea se quedó extrañada de la situación, parecía que Karla hacía todo lo que Elisa hacía, pero «¿Por qué?».

—Es muy bonita eh, yo quería una así —dijo Andrea con una sonrisa, Alberto sonrió y negó.

—¿Por qué te cambiaste de grupo? —preguntó Sol.

—Es que nunca me pude llevar bien con mis compañeras, por alguna razón que desconozco. —contestó Andrea.

—Pues verás que aquí si te adaptas —comentó Elisa, sacando una sonrisa de Andrea—. ¿Qué música escuchas?

—Me gusta mucho la música en inglés, me gustan las Spice Girl —contestó Andrea.

Elisa de inmediato brincó de emoción en su banca.

—A mi igual. ¿Y tú que oyes, Alberto? —preguntó Elisa.

—Yooo… soy fan de Luis Miguel —dijo apenado Alberto, recibiendo la mirada de las cuatro chicas—, ya sé, ya sé, búrlense.

—Está bien, es lo que te gusta, eres diferente, no imitas a nadie —dijo Elisa con saña.

«¿Por qué lo habrá dicho?». Con eso Andrea se dio cuenta de que Karla imitaba a Elisa, la clase terminó y no paraban de platicar, regresaron sus sillas a sus lugares. 

—Vi lo que hiciste con Karla —dijo Alberto.

—¿Qué? —preguntó Andrea haciéndose la que no sabía.

—Lo que le dijiste para que no se sintiera mal, que tenía una mochila muy bonita —dijo el chico con una sonrisa.

—Vaya, ¿te fijaste en eso? —dijo Andrea.

Le gustó ver que Alberto ponía atención en ella, las clases pasaban y convivían entre los cinco, hasta que llegó la hora del primer receso. Andrea salió corriendo como siempre a ver a Iván, pero… Esta vez había una pequeña sorpresa.

—Me dejó —dijo Iván molesto.

—¿Qué quieres decir con que te dejó? —preguntó Andrea.

—Rosalía terminó conmigo, porque dice que se dio cuenta de que ama a Alberto —espetó Iván furioso, poniendo el rostro de Andrea serio.

—¿Amar? No es una palabra muy fuerte, digo estamos muy chicos. ¿No?

—Bueno, tú tienes trece, pero Alberto, Rosalía y yo tenemos quince.

Oh y dos años más los volvía expertos en el amor, claro, así es la secundaria.

—Ah no sabía que dos años te enseñaban a amar —dijo Andrea riéndose, mientras Iván la miraba, también reía triste.

En ese momento todos los varones del grupo “A” llegaron a donde estaba ella y creo que a la fecha es algo que recuerda con mucho cariño, porque a pesar de que le decían gorda, al parecer si la apreciaban.

—¿Gorda por qué te cambiaste? —preguntaron todos.

—Ya no podía estar en el salón —respondió Andrea.

—Si es por esas viejas mitoteras, las metemos en cintura —contestó Toño.

Como les decía, no hay peor enemiga de una mujer que no sea otra mujer, aunque después llegaremos a otros enemigos peligrosos.

—No es eso Toño, yo creo que me va a sentar mejor estar en el “B”, además allá nadie me dice gorda —dijo Andrea, mientras todos la miraban—, ustedes me dicen así porque estamos juntos desde la primaria, pero seguimos siendo amigos.

—No es justo, pero qué le vamos a hacer —comentó Oliver.

Todos se dispersaron y se fueron a jugar a la cancha de fútbol como siempre.

—Vi que Alberto quedó contigo, espero que no le hables.

Espera «¿Qué acaba de decir?». Andrea miró incrédula la petición de Iván.

—Yo no puedo hacer eso —dijo Andrea.

—¿Por qué? Tú y yo somos amigos —exclamó Iván molesto.

—Porque no soy así, ese es un pleito entre ustedes —respondió Andrea.

—Pues si le hablas olvídate de que somos amigos —dijo Iván furioso.

—Espera, ¿tan poco vale nuestra amistad para ti? Bien, entonces adiós Iván.

«¿En serio?». Qué tontería que te hagan eso. Nadie, nadie tiene porqué condicionarte nunca en la vida. Andrea dijo en su cabeza: «al diablo todo y todos, estoy segura que comenzaré una nueva historia», y sí que la haría.

Llegó enojada al salón, vio a las tres chicas cotorras atrás platicando y con toda la determinación del mundo dijo:

—Hola, quiero ser su amiga, ¿se puede? —Un poco molesta por lo ocurrido con Iván.

—Claro, así ya somos cuatro y podríamos ser como las jóvenes brujas —dijo Elisa.

Sí, una película de 90 's, en realidad se llama “The Craft”, pero te doy la traducción mexicana por si la quieres buscar. En fin, justo en esa película son cuatro amigas, a Elisa le encantaban todas esas cosas de brujas y wiccas, de hecho, a la fecha las practica.

—¿Te gusta bailar? —preguntó Elisa.

—Me encanta —contestó Andrea.

—Podríamos ir a tu casa y oír música —dijo Sol.

—Sí, cuando gusten, a mi casi no me dejan salir, pero si ustedes van sería fantástico. —contestó Andrea.

—¿Qué tal al rato? —preguntó Karla.

—Claro —dijo Andrea con una sonrisa.

Eso fue rápido, vaya que eran diferentes estas chicas, sonó el timbre y todos corrieron a sus lugares, entró una maestra joven, yo creo que ella iba saliendo de la universidad, porque en realidad se veía bastante juvenil.

—Hola, mi nombre es Claudia Lozano, voy a darles química, vamos a comenzar copiando lo siguiente en el pizarrón.

Alberto vio que Andrea estaba escribiendo, pero ella no copiaba lo del pizarrón, lo cual llamó su atención.

—¿Qué haces? —preguntó Alberto. 

—Nada —dijo Andrea avergonzada y sentándose de forma diferente.

—No creo que sea nada, hace un momento vi que sacabas esa libreta mientras no hacíamos nada. ¿Es un chismógrafo? 

Para las nuevas generaciones un chismógrafo, era como el Facebook de antes, donde uno hacía preguntas ridículas, sobre ¿Quién te gusta? ¿Cuál es tu color favorito? y etc. está libreta recorría el salón de clases y sólo te fijabas en el número de la persona de la que querías saber y te enterabas de los chismes de que a Juan, le gustaba Petra.

—No soy tan boba —dijo Andrea y Alberto soltó la carcajada—. ¿Por qué te ríes?

—Sabes, no eres una chica tan normal, ya te he visto, te gustan los deportes, hablas de todo y de repente pareces de más años, no de trece —contestó Alberto.

—¿Sólo porque no hablo frivolidades? —dijo Andrea.

—Bingo, me gusta como eres, para empezar la palabra frivolidades, no es algo que ocupen muchas por aquí —dijo Alberto, sacando una sonrisa en ella—. ¿Ya dime qué escribes?

—Me encargaron hacer la pastorela para diciembre y estoy escribiendo —respondió Andrea.

—¿Puedo verla?

Andrea no le enseñaba a nadie, nadie su libreta, sólo Toño había leído alguna vez sus pequeños cuentos oscuros y tétricos que en ocasiones hacía, pero por Dios era Alberto ¿Le diría que no?

—Bueno —dijo Andrea entregándole su posesión más preciada en la vida en esos momentos.

Alberto comenzó a leer lo que ella llevaba escrito y comenzó a reírse, la maestra volteo, de inmediato él reaccionó, aclaró su garganta y dijo:

—Está bien lo que estás copiando, Andrea —dijo guiñándole el ojo, la maestra regresó a la pizarra—, oye está bien. ¿Tú sola la estás escribiendo? ¿Cómo se te ocurren esas cosas? 

Obvio que decirle, «me imagino la situación, las escenas, la música y las voces, puede ser demasiado loco», así que lo único que dijo fue.

—No sé, es algo que surge.

—Pues no creo que no sepas.

La maestra se sentó y los miraba platicar a lo lejos en voz baja sin que ellos se dieran cuenta.

—No sé, es algo que no puedo explicar —contestó Andrea.

—Pues espero ir leyendo como queda la pastorela —dijo con una sonrisa.

—Está bien, así me dices si le falta algo. —expresó Andrea con una ligera sonrisa.

—¡¿Ya terminaron Alberto y Milani?! —exclamó la maestra con una pícara risita y los dos chicos bajaron el rostro a la libreta.

Pero por debajo reían mirándose, sonó el timbre de cambio de hora, Andrea salió rápido a tomar agua, topándose con Iván.

—Ya veo por qué escogiste un lado —dijo Iván.

—¿Acaso me estás espiando? —preguntó Andrea.

—Desde aquí se ve tú lugar y estás ahí perdida con tu novio —reclamó Iván.

—No es mi novio, pero que mal que te pongas así. En verdad pensé que eras mi amigo. —dijo Andrea regresando al salón de clases.

Ella entró molesta, eso tiene el rostro de Andrea siempre le han dicho que tiene unos ojos muy expresivos y Alberto de inmediato se dio cuenta de que algo pasaba.

—¿Ocurre algo? —preguntó Alberto. 

—Nada. ¿Por qué tendría que pasarme algo? —dijo Andrea.

—¿Estás enojada? ¿Alguien te molestó? —insistió Alberto, Andrea lo miró un tanto sorprendida.

—Estoy enojada con Iván, eso es todo —dijo Andrea.

—¿Y eso a que se debió? —preguntó Alberto—, digo ustedes son muy buenos amigos.

—Se cree muy maduro y terminó haciendo una ridiculez.

En eso entró el papá de Andrea al salón de clases y vio donde estaba sentada, él de inmediato negó con la cabeza, ella sintió nerviosismo, debo decir que Andrea era un tanto obediente o bastante obediente hasta esos momentos de todo lo que sus papás le decían por lo que al ver eso, de inmediato la chica volteó nerviosa a ver a Alberto.

—Sé que esta pregunta es tonta, pero ¿cómo te apellidas? —preguntó Andrea.

—Castillo. ¿Por qué?

Puff, dijo Andrea, él no es Aldana «¿Entonces?». Andrea volteó a ver a Elisa y tragó saliva.

—¿Elisa cómo te apellidas? —preguntó Andrea.

—Soy Aldana —contestó Elisa y Andrea volteó a ver a su papá con una enorme sonrisa.

Y justo en ese momento pensó que lo que Iván había hecho, era exactamente lo mismo que su papá estaba haciendo, le estaba prohibiendo tener una amistad con alguien que se veía fantástica, comenzaron a trabajar y Andrea se levantó a calificar.

—¿Qué no te dije que no te sentaras con Aldana? —dijo Diego el padre de Andrea.

—Lo siento maestro, yo no conozco a Aldana, conocí a Elisa —contestó a su padre, le cerró el ojo y se fue a su lugar.

—¿Entonces nos vemos al rato en tu casa? —gritó Elisa.

—Claro las espero, les doy la dirección, pero es muy fácil de llegar —dijo anotando en un papel.

—¿Llevamos algo? —preguntó Sol.

—Pues yo no como golosinas, pero lo que gusten —dijo Andrea.

—¿Yo también puedo ir? —preguntó Karla, Elisa miró a Andrea haciéndole caras para que dijera que no.

—Claro — contestó, mientras Elisa azotaba su mano en la frente.

—Bien —dijo Karla emocionada.

La verdad es que, a partir de este momento, comenzarán un sinfín de aventuras, Andrea pensaría unos años después que ese día había cometido el mejor error de su vida.

 


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