Capítulo 10 Un cambio radical
Un cambio radical
Corre deprisa que el mundo no deja
De girar sin descansar
Los días se van y nunca regresarán
Eterno cuento sin final
Deja el recuerdo, no se irá a ningún lado
Mañana siempre lo tendrás
Es el presente y su amigo el futuro
Lo que tienes que lograr.
VIVE- Kabah
Después de lo ocurrido, el ciclo escolar se fue como agua, todo estuvo en calma y las cosas entre Alberto y Andrea iban bien, muchos incluso pensaban que en realidad había algo entre ellos, siempre andaban juntos, platicaban todo el tiempo y aunque Rosalía era novia de Iván le daban celos verlos juntos.
—¿Qué harán en vacaciones? —preguntó Elisa—. Yo me aburro terriblemente.
—Yo sólo salgo una semana de vacaciones y de ahí me ponen a trabajar en la escuela de mi mamá —contestó Andrea.
—¿Qué haces? —preguntó Karla.
—Pintamos sillas, raspamos los juegos, todo ese tipo de cosas, ¿estás interesada? —preguntó Andrea.
—No creo —contestó Karla.
—A mí me van a llevar a Veracruz.
Al escuchar eso, Karla, Elisa y Andrea dijeron lo mismo.
—Uyyy.
Pues la vida de Sol no era nada fácil, sus padres se peleaban por no tenerla, pero en vacaciones siempre debía estar con alguno.
—Lo sé, no quiero ir, porque una, sólo hablará de mi papá y lo malo que es y dos, porque mi mamá quiere que empecemos a hablar de la fiesta de quince, es el próximo año.
—Yo me voy a ir de viaje, a mi esas fiestecitas se me hacen estúpidas —enunció Elisa.
Se le hacían estúpidas a ella, pero creo que aunque te manden de viaje tus padres siempre, siempre, quieren decirle al mundo "Miren a mi mujercita".
—Yo siempre he soñado con una fiesta —dijo Karla—, con mi hermoso vestido, bailar el vals.
—Lo siento nunca, nunca me vería con un vestido así, esponjado, siento que parecería piñata. Y si pudiera sería… —dijo Andrea siendo interrumpida por sus tres amigas.
—Negro.
—Gracias, eso quiere decir que me escuchan —contestó Andrea con una sonrisa—. Mis papás me han preguntado, que quiero, pero pienso lo mismo que Elisa, sólo que a diferencia de ella yo preferiría irme de viaje con mi familia, me da miedo andar sola.
—Yo creo que te pierdes la experiencia de vivir algo diferente Andrea, tus papás no van a estar siempre contigo —contestó Elisa.
—Bueno, eso es lógico, pero quiero hacerlo mientras pueda tenerlos.
Las tres chicas miraron a Andrea, Karla tenía una vida sencilla como Andy y se llevaba muy bien con sus papás, era un poco más despegada de ellos, pero entendía el sentir de su amiga y era por lo mismo que Alberto no se atrevía a romper con esa armonía.
Por otra parte Andrea estaba super relacionada con las fiestas de quince años, pues su papá era el invitado de honor de casi todas, haciendo la presentación de cada quinceañera de la secundaria donde trabajaba o de padrino de alguna, sí, así lo querían todos, porque si los hombres hubieran hecho fiestas también lo invitaban.
Sin embargo, Andrea lo acompañaba y veía en todas el ridículo desfile de los papás en cada mesa preguntando. "¿Todo bien?" Luego la quinceañera, mesa por mesa tomándose fotos. "¿En qué momento disfrutaban de la gran fiesta?" Bueno, pues esas eran las fiestas de quince años antes.
—Oye, todo mundo dice que tú y Alberto andan —dijo Sol.
Andrea se puso roja como tomate.
—Claro que no, ustedes lo sabrían de inmediato, quedamos en ser amigos, sólo amigos, por alguna razón, él no se decide y yo ya no quiero pelear.
Karla le había prometido a Alberto no revelar la verdad de porque no estaba con Andy. ¿Estaba bien lo que hacía? Pues sí, al final era amiga de los dos, pero tal vez el decir la verdad sería bueno, así ya nadie sufriría.
—¿Pueden creerlo ya seremos de tercero de secundaria? Ahora sí seremos dueños de la escuela —dijo Elisa
—No es algo que me emocione, pero sí, ya estoy contenta de pasar de año, algo me dice que será el mejor año de nuestras vidas —opinó Andrea con optimismo.
—¿Se enteraron de que Rosalía reprobó el año escolar en tercero? —dijo Sol.
Las tres chicas miraron con incredulidad a Sol, Rosalía era la chica perfecta. ¿Cómo podía haber pasado eso?
—¿Creen que el que haya sido novia de Alberto la haya…? —preguntó Andrea un tanto asustada, porque tal vez su papá tenía razón.
—No, Alberto lleva tres exámenes sacando ocho, siete y creo que hasta vi un nueve un día —expresó Karla—. Creo que ella se enfocó en otra cosa, es todo.
—El único problema es que ella seguirá aquí molestando —contestó Andrea con un suspiro.
—Así es, pero creo que le ha bajado un poco a su séquito de venenosas. —respondió Sol.
—Pues entonces… Seremos chicas de tercero de secundaria mis curvas peligrosas —gritó Elisa con emoción.
El sonido de la campana marcaba el fin del ciclo escolar y por primera vez en su vida, las vacaciones de Andrea no serían de una semana, saliendo de clases llego a casa y se encontraba su tía Paty con su prima Dany, Andrea le llevaba cinco años a Dany, pero siempre se habían llevado muy bien, para llevarse esa edad. Andrea le platicaba a Dany todo sobre Alberto y está sólo se reía, prácticamente era una niña, ellas estaban pensando en ir a México, pues le harían unos estudios a su prima, por lo que invitaron a Andrea a ir con ella con otra tía de nombre Fanny.
Andrea estaba un poco indecisa que haría en México «¿Qué tal que Alberto iba a buscarla en vacaciones?». Además de nunca haber viajado sola sin sus papás, tendría el viaje que tanto le decía Elisa antes de tiempo.
Cuando le propusieron ir, lo pensó demasiado, vaya que era miedosa Andrea, por primera vez en su vida tomó una decisión alocada e hizo su maleta y vámonos, al otro día ya estaban en México, les recuerdo que antes no había la comunicación que hay ahora, por lo que se desapareció de sus amigos y Alberto durante un mes y medio, al igual que de sus padres.
Sería un viaje que marcaría un antes y un después en la vida de Andrea, estando en México su tía la llevó al nutriólogo ya saben, todos estaban preocupados por su sobrepeso, al mismo tiempo al estar sola con Dany se la pasaban jugando muñecas, corriendo, ella salía a tirar un poco a la canasta, yo creo que también le servía él no estar estresada, no lo sé, pero Andrea pasó de 90 kilos a 75 en un mes y medio, con una estatura en ese momento de 1.68, siempre fue de cadera ancha y cintura marcada, porque a pesar de ser gordita si tenía figura, así que el cambio fue brutal y cuando su papá fue por ella, no la reconoció.
—¿Qué te pasó? —preguntó Diego incrédulo al ver a su hija con 15 kilos menos.
—Nada papá.
—Eso no se ve como nada, estás muy delgada. ¿Sí comiste?
—Sí lo juro, pero esto es bueno. ¿No?
—Si, muy bueno.
Claro que eran ideales en ese momento, por primera vez en su vida se sentía delgada y sentía que ahora sí podría conquistar a ese chico que tanto se le había negado, aparte de ya tener catorce años. Cuando regresaron a la ciudad, Andrea le marcó a sus amigas.
Llegando marcó a Elisa y Karla.
—Vengan hoy, ya llegué y les tengo una sorpresa enorme —dijo emocionada.
—Tu ya, pero Sol no, igual y voy yo, no vayas a invitar a Karla —dijo la ácida Elisa.
—Lo siento, ya le hablé —contestó Andrea entre risas.
—Te pasas —dijo Elisa riendo—. Okay, nos vemos en un rato.
Las chicas llegaron y al verla no podían creerlo.
—¿Qué demonios, Andrea? ¿Te volviste bulímica? —murmuró Elisa incrédula del logro de Andrea.
—No, sólo corrí, jugué y bueno si comí un poquito diferente.
—Pero esto es demasiado en tan poco tiempo —dijo Karla.
—No sé qué me pasó, no dejé de comer gran cosa, a lo mejor fue por el ejercicio, he estado jugando básquet y anduve caminando en el rancho, no lo sé, yo tampoco me lo creo, mi mamá me llevó a comprar ropa, ¿pueden creerlo? pude comprarme unos jeans, cosa que en mi vida, había comprado.
—Creo que vas a dejar a todos con la boca abierta, te ves increíble, la verdad —comentó Karla.
—La única boca que me interesa es la de Alberto y creo que esta vez lo voy a lograr —dijo con seguridad Andrea.
—Pues si el muy tonto no te hace caso lo mato, porque ahora si ya no hay pretextos —respondió Elisa.
—Eso creo yo —comentó Andrea.
—¿Y ya te compraste uniforme? —preguntó Elisa.
—No, pero ya dijimos que no tiene caso, dado que este es el último año, iré con mi enorme falda, sólo le voy a agarrar —contestó Andrea.
—Deberías ir con ropa de color a la escuela, nuestra falda de por si nos hace ver gorditas porque es de tablones —señaló Karla.
—Tendría que preguntarles a mis papás si me dan permiso —dijo Andrea.
—Estoy sorprendida, yo no puedo bajar un gramo y eso de hacer ejercicio no es mi estilo —respondió Elisa.
—¿Qué saben de Sol? —preguntó Andrea.
Era raro, pero el tío de Elisa estaba casado con la tía de Sol y era por eso también que estas dos chicas estaban tan unidas desde el principio, eran los tíos con los que Sol vivía, por lo que Elisa se informaba de todo.
—Quieren que termine este año aquí y llevársela a Veracruz —comentó Elisa con tristeza, las tres se miraron con dolor—, lo sé.
—De por si no vamos a ir a la misma prepa, con esto es peor —dijo Andrea llena de pesar—. Porque haremos lo posible por seguir juntas. ¿Verdad?
—Eso es un hecho —contestó Elisa.
—¿Qué podemos hacer con Sol? —preguntó Karla.
—Yo creo que no mucho, ella también debe estar con su mamá, imagínense Sol aquí con sus tíos debe sentirse muy sola —expresó Andrea.
—Lo bueno es que su mamá ya dejó a su pareja —dijo Elisa mirando a Andrea, Andy regresó la mirada con sorpresa—, tú sabes a qué me refiero, ¿verdad?
—Sí —dijo Andrea sorprendida.
—Yo no, ¿de qué hablan? —Miró Karla con extrañeza a sus amigas.
—De algo —contestó Elisa.
—No es justo, ustedes siempre tienen secretos —dijo Karla.
—¿Y tú no los tienes con alguien? —preguntó Andrea dejando callada a Karla.
Pues sabíamos que si tenía uno y grande.
—Si no te ha contado es porque no te tiene confianza aún y no seré yo la que riegue el chisme. Bien, entonces nos vemos la próxima semana para iniciar clases. —exclamó Elisa emocionada.
Por primera vez en su vida Andrea no sufrió al ir a comprar ropa con su mamá, cómo ya les había contado a sus amigas, era un sueño para ella, blusas entalladas, se sentía bonita, se sentía contenta con ella.
Andrea salía junto con su hermano a jugar en la canasta de su calle y seguían haciendo ejercicio juntos, ahí se dio cuenta de que también era buena jugando básquet, pues su altura le ayudaba mucho. La semana pasó con rapidez, era la noche antes de entrar a clases Andrea sentía mucho nerviosismo, por fin era "delgada" carnosa, pero delgada. Tenía su ropa lista para las clases, no iría de uniforme, iría de color para que todo mundo viera que por fin era lo que habían querido.
Se acostó a dormir y apenas pudo conciliar el sueño, se levantó temprano y comenzó a arreglarse, su papá la miraba, ella pensó que le diría algo por ir de color, pero no fue así, al contrario, también la animaron, salieron a la escuela, nunca se le había hecho tan largo el camino a ésta, cuando por fin llegó, temblaba, sus manos sudaban, entró al salón de clases y todos se quedaron con los ojos abiertos de la impresión, de inmediato todos corrieron. ¿Qué te hiciste? Era la pregunta que persistía. Incluso le dijeron que si se había hecho la liposucción, lo cual le causó risa «¿Una liposucción a los catorce? ¿Es posible?».
—Nada, sólo empecé a hacer ejercicio y comer diferente, aunque mi alimentación no cambió mucho —respondía a todos Andrea.
—Te ves increíble, la verdad —dijo Alan
—Eres otra persona —contestó Fernando.
—Ya no eres la gorda —respondió Adriana.
Andrea caminó hasta su lugar de siempre, Alberto no había llegado, pero Sol no paraba de verla.
—Te ves asombrosa, ahora si cae porque cae —dijo su amiga Sol.
—Vengo con toda la esperanza del mundo, pero todo puede pasar —contestó Andrea titubeante.
Fue cuando lo volvió a ver entrar como si estuviera en cámara lenta, él volteó a verla asombrado y se sentó a su lado.
—¡Andrea! ¿Qué te hiciste? —preguntó impresionado el joven.
—¿Qué opinas? —preguntó ella emocionada.
—Te ves muy bonita, pero tú te ves muy bonita como sea —contestó él.
¿Cómo odiarlo? ¿Cómo no quererlo? Siempre era lindo con ella, siempre…
—Te desapareciste en el verano, ¿fue por tu cambio? Fui a buscarte, pero me dijeron que no estabas y pensé que me estaban negando el verte —expresó Alberto.
—Estás loco, eso no pasaría nunca. —¿En verdad?—. Me fui mes y medio casi, nunca me voy tanto tiempo, pero primero fui a México y luego estuve en un rancho en Xalapa y voalá pasó la magia —contestó Andrea.
¿En serio no diría más? Andrea pensaba que tal vez más adelante las cosas se darían por sí solas, no hay que forzar nada, ¿verdad? La campana sonó y entró un joven bastante alto, cabello quebrado, blanco de piel, labios carnosos y junto a él un chico un poco más bajo, casi del mismo aspecto, sólo que con cuerpo de beisbolista, ¿si saben a lo que me refiero? Jaja. Eran alumnos nuevos, uno se sentó delante de ella y el otro atrás, Alberto se les quedó viendo.
—Hola, me llamo Leonardo Rivera —dijo, él nada feo chico, a Andy.
—Hola soy Andrea Milani —contestó ella.
—Y yo Erick Morales —dijo de forma bastante galante y educado el alto caballero.
—Hola Erick —contestó ella.
Karla se dio cuenta de la cara de Alberto, se puso muy serio, él sólo se volteó y esperó a que comenzara la clase, cuando por fin comenzaron las clases, Leonardo pedía lápiz, sacapuntas, borrador, todo a Andrea y ella tenía que voltear a verlo, a la hora del receso, no se le despegó ni un momento, a donde ella iba él iba, cosa que a su no novio no le estaba gustando para nada, en el receso todos los del grupo “A” también buscaron a Andrea para decirle lo bien que se veía, empezando por Iván.
—Vaya y ¿Ahora cómo te dirán? Ex gorda —dijo entre risas.
—Pues siempre debieron decirme Andrea, no gorda, burro —contestó Andrea con una sonrisa.
—Andrea. ¿Eres tú? —preguntó Oliver.
Eso último no le agradó nada, nadita a Karla.
—Sí —dijo Andrea—. ¿O me parezco?
—Te ves muy bien y siempre bromista —dijo con una bella sonrisa, Oliver.
—¿Por qué todos te dicen así? —preguntó Erick.
—Porque estaba pasada de peso y ahorita parece que ya no tanto —contestó Andrea.
—Yo te veo muy bien —dijo Leonardo.
—Sí, pero tú estás viendo a mi nuevo cuerpo, no al pasado —respondió Andrea.
Eso era cierto, quien siempre la había notado a pesar de su cuerpo y su peso estaba solo en el salón, ella regresó y se sentó a su lado.
—¿Qué haces aquí? Ya te cansaste de que te digan que te ves increíble —dijo con un tono de molestia Alberto que jugaba con el lápiz.
—Me siento increíble, pero soy la misma persona —dijo Andrea.
—¿Me lo juras? Tú no eres frívola y me preocupa que vayas a convertirte en Rosalía —respondió Alberto.
—Si me conoces sabes que eso no va a pasar —dijo Andrea.
—Te extrañé, en verdad lo hice, me encanta hablar contigo —dijo mirándola a los ojos.
—Y yo a ti —dijo Andrea, de la nada ambos tomaron sus manos y se miraron.
La maestra Claudia entró y sonrió de verlos juntos de la mano, no sé qué es lo que habrá pensado, pero se emocionó de verlos juntos.
—Hay algo que debo decirte —dijo Alberto.
—¿Qué? —preguntó ella con emoción. Creo que por fin llegó el momento.
—Mejor luego —dijo Alberto guiñando el ojo.
—Okay —contestó ella con una sonrisa.
El timbre sonó y comenzaron a entrar todos nuevamente, de repente se acercó Julian, un compañero de ellos.
—Hey wey me dijo tu novia que pasa a la hora de la salida por ti —dijo Julian a Alberto.
Andrea volteó de inmediato al oír a Julian, lo miró y se levantó como resorte de su lugar, bajó su rostro y Alberto quiso detenerla.
—¡Andrea! —dijo tomándola de la mano.
—Déjame, por favor, déjame —dijo con toda tranquilidad Andrea sin hacer aspavientos. Sus amigas se dieron cuenta, ella caminó hasta el escritorio.
—Maestra, me da permiso de ir al baño. Sé que pasó el receso, pero sólo déjeme salir un momento.
La maestra Claudia vio el rostro de Andrea y con una sonrisa dijo:
—Sí Andrea.
—Gracias. —Andrea salió del salón.
Pero Elisa, Karla y Sol salieron tras ella, ella corrió al baño, llegó y por primera vez comenzó a llorar por él.
—Soy tan tonta —dijo Andrea llena de dolor—, llevo dos años enamorada de un bobo.
—No, sólo estás enamorada de quien no te quiere —agregó Elisa.
—Tienes que tranquilizarte, tú eres una roca Andrea, no te quiebres ahora por alguien que no vale la pena —contestó Sol.
—Tienen razón, es sólo que… bueno, sentí que me hirvió la sangre al escucharlo, me acaba de decir que me extrañó en las vacaciones y luego esto. ¿Cómo se atreve? —preguntó Andrea.
—Andrea no pienses mal de Alberto. Él no sabe lo que quiere —entró Karla a defenderlo.
—Pues que me deje Karla, que deje de ser lindo conmigo, de cuidarme, de decirme que soy su paz. Todo sería más fácil en vez de tenerme enganchada —enunció Milani.
Siempre he pensado que cuando un amor es no correspondido es mejor estar lejos de la persona que ser amigo de ella, esperando migajas de su amor o esperar a que ocurra un milagro y se de cuenta que siempre estuviste ahí, pero para la mayoría de las personas este nunca llega. Te quedas ahí y sufres, y sufres, porque el otro jamás se percata de lo que sientes o en ocasiones sacan provecho de ti.
Andrea respiró profundo, limpió su cara y estaba lista para lo que tal vez sería un cambio en su vida. Sí, era fría, no decía lo que sentía, pero todos la consideraban una romántica y dulce chica, no sabía por qué. Todos pensaban así de ella en la secundaria, pero las cosas cambian y ella sentía que tal vez era el momento de hacerlo. Regresó al salón junto con sus tres amigas, era lo único que necesitaba para sentirse fuerte en ese momento.
Cada viernes un nuevo capítulo, sígueme

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