Capítulo 9 Causa y efecto


 Causas y efectos.

Atraviesan unicornios

Que son blancos y que brincan sin parar

Hacia el lado más angosto de la calle

Si te fijas bien arriba

Del letrero de zapatos hallarás

A unas hadas trabajando un vestido azul

La Calle De Las Sirenas —Kabah

Después de lo ocurrido con Javier, los días pasaron sin mayor novedad. Elisa seguía saliendo con Max a escondidas, Sol veía a Iván todos los días religiosamente en la biblioteca, Karla platicaba con Oliver y Andrea, bueno Andrea seguía escribiendo. Sus compañeras le pedían todos los días sus libretas y leían muy atentas la novela que ella escribía. Alberto y Andy se habían alejado un poco después de lo de la pijamada, pero más que nada por lo que había pasado con Javier.

Andrea se encontraba escribiendo como siempre a la hora del receso, cuando llegó Javier al salón.

—Hola Andrea —dijo Javier nervioso.

—Hola. ¿Qué pasa? —preguntó Andrea con miedo.

—Necesito hablar contigo, gorda —dijo su compañero.

—Dime —contestó la chica.

—No puedo decírtelo aquí —dijo Javier.

—¿Por qué no? —preguntó Andrea nerviosa.

—Porque no es un tema fácil, por favor gordita —dijo Javier.

Alberto entró al salón y para nada vio con buenos ojos a Javier cerca de Andrea, al verlo con ella hizo todo lo posible por acercarse y escuchar qué era lo que pasaba.

¿Por qué no puedes decirme aquí? —insistió Andrea, pues tenía miedo de meterse en problemas.

—Es algo delicado. —Miró triste a Javier y lleno de miedo.

Recuerdan que no le gustaba la injusticia, bueno también le gustaba ver por los menos afortunados.

¿Y por qué me lo dices a mí?

—Porque siento que tú eres la única que puede ayudarme —contestó Javier.

—¿Yo? —preguntó Andrea incrédula.

—Sí, sólo tú, Iván y Max, pero aquí no puedo.

—Okay, cuando yo no quiero que nadie me vea me voy cerca del laboratorio, donde guardan las bancas que no sirven. ¿Te parece que nos veamos ahí para el segundo receso? —dijo Andrea.

—Sí —dijo Javier poniéndose nervioso—, siempre seremos amigos, ¿verdad?

Ella tenía miedo de responder y más porque no sabía qué es lo que le diría, pero también veía cierta desesperación en la voz del chico.

—Sí, Javier —contestó la valiente chica.

—Gracias gorda —dijo Javier retirándose.

Andrea suspiró y cuando iba a regresar a su libreta se acercó Alberto.

—¿Qué quería? —preguntó.

—Nada, sólo platicar. —dijo Andrea.

—¿Segura? —preguntó Alberto nervioso.

—Creo que ya habíamos hablado de esto. Tú me dejabas en paz y yo lo hacía contigo —contestó la joven mordaz.

—¿Eso quieres? —preguntó molesto Alberto.

—No me vengas con que si eso quiero, cuando eres tú el que me aleja. Simplemente no te metas —dijo de forma contundente Andrea saliendo del salón.

Pero cuando eres una chica que escribe historias de amor, quieres que se meta, quieres que él esté siempre contigo. Andrea tenía trece años, ya estaba por cumplir catorce y no comprendía cómo es que a esa edad pudiera sentir lo que sentía por él, era una locura, pero en verdad sentía como si estuviera enamorada de él, el timbre sonó y todos regresaron al salón. Sol entró corriendo hasta su lugar y le aventó una nota a Andrea.

—Se van a poner las cosas muy feas —dijo Sol en el papel.

Andrea la miró. Alberto veía de reojo que se mandaban recados.

—¿Cómo? ¿Por qué? —escribió Andrea en la nota y la arrojó.

—Dice Iván que han estado siguiendo a Javier y que lo amenazaron con matarlo —Arrojó Sol el recado.

Andrea se quedó helada al leer eso, Dios… «¿Qué sería lo que Javier iba a pedirle?». Ella había dicho que le ayudaría y ahora que iba a hacer, bueno, viendo la situación ella podría hacerse a un lado. ¿No?

—Voy a platicar con él en un rato. —Escribió Andrea y aventó el papel.

—No deberías de ir —contestó Sol. 

—Pero es mi amigo —dijo Andrea. 

—Un amigo no te mete en este tipo de problemas —respondió Sol.

Eso era cierto, en 1997, no se escuchaba tanto del narco ni las drogas, mucho menos de los halcones y todo lo que conlleva ese tipo de cosas, los chicos no iban a sus escuelas a presumir que eran narcos como ahora, al contrario, el que estaba metido en eso ni ruido hacía, era de miedo no de admiración.

Las clases continuaron y Andrea no podía dejar de pensar en el encuentro que tendría, incluso había dejado de escribir y eso era mucho para ella. En cuanto sonó el timbre se puso de pie y Sol la tomó del brazo.

—Andrea, ten cuidado. —dijo Sol.

—Sí, tranquila ni que me fueran a matar dentro de la escuela, además sólo voy a escucharlo —contestó Andrea.

—Ya lo sé, pero evita por favor meterte en un problema, recuerda que tú eres la voz de la razón para muchos.

—Okay, entendido —dijo Andrea.

Ella salió y con mucho temor caminó a su escondite, cuando llegó él ya estaba ahí, pero no solo él, Iván y Max, ella sonrió y los miró.

—Hola. ¿Quién diría que esta sería nuestra reunión, Iván? —dijo Andrea de forma ácida.

—Lo sé, bonita forma de reunirnos, Javier —comentó Iván de forma sarcástica.

—En verdad lo siento —dijo Javier.

—¿Qué es lo que pasa? —preguntó Andrea.

—Veras, yo… empecé a consumir drogas y después comencé a vender para poder pagar mi consumo, el asunto es que me empezó a gustar Flor y yo…

—Quisiste dejar todo —dijo Andrea.

Iván la miró un tanto impresionado.

¿Por qué te imaginaste eso? —preguntó Iván.

—¿Olvidas lo cursi que puedo llegar a escribir? —dijo Andrea.

—Bueno, regresando al tema, es que sí, así es, fui y hablé con el hombre que me metió en esto y me dijo que no podía salir —comentó Javier.

—¿Y qué piensas que nosotros podamos hacer? —preguntó Andrea ya con un poco de temor.

—Necesito ayuda, ayuda de adultos, pero no me atrevo a decirle a mi mamá lo que está pasando, ¿tú podrías decirle a tu papá?, yo lo quiero mucho y podrías conseguirme ayuda de la directora —dijo Javier esperanzado.

Era un grito de ayuda desesperado, en la actualidad sabemos cómo terminan esos chicos, antes ni siquiera lo oías.

—No creo que ellos puedan ayudarte, Javier —contestó Andrea.

—Mi mamá nos está ayudando recogiéndolo en su casa y llevándolo —dijo Max—, pero no podemos hacer más.

—Es que eso no es un tema fácil —dijo Andrea.

—Nada perdemos, estoy desesperado Andrea, me van a matar —dijo Javier llorando.

Es horrible oír eso, pero lo más terrible es que chicos tan jóvenes estén metidos en una situación así. Andrea lo miró y le estrujó el corazón, ella miraba a Max y a Iván.

—Saben que esto los pone en riesgo. ¿Verdad? —dijo Andrea.

—Sí, pero es nuestro amigo y no vamos a dejarlo solo —contestó Iván con determinación.

—Bien lo haré, ven vamos a ver a mi papá —dijo Andrea.

Ellos se pusieron de pie y cuando dieron la vuelta, Alberto estaba ahí.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Andrea sorprendida.

—Nada, también vengo aquí todo el tiempo y lo sabes —dijo descaradamente Alberto.

—¿Escuchaste? —preguntó Iván enojado.

Recordemos que ellos no se llevaban muy bien por la noviecita.

—Sí, pero no diré nada, lo prometo —contestó Alberto.

—Mas te vale, wey —contestó Iván—, porque no es fácil. —Iván se salió.

Javier y Max salieron también, pero cuando Andrea iba a salir la detuvo.

—Andrea, ten cuidado por favor —dijo Alberto de forma dulce.

—Yo no tengo ningún problema, lo tiene él —contestó Andrea saliendo del escondite.

Andrea llevó a Javier con su padre y comenzó a platicar con él, Diego solo veía de reojo a su hija, yo creo que en el fondo estaba preocupado de que ella supiera la situación o que estuviera metida. «¿Cómo puedes ayudar a un alumno que tiene un problema de este tipo sin que tú mismo te metas en problemas?» Es imposible, ambos se fueron a hablar con la directora, cuando Andrea vio que se fueron simplemente se dio la vuelta y regresó a su salón.

—¿Qué pasó? —preguntó nerviosa Elisa, pues ella sabía por Max.

—Se lo llevaron a la dirección, pero dudo mucho que no lo vayan a expulsar —dijo Andrea triste por la situación.

Javier era un buen chico hasta donde se veía, bromeaba, tenía una vida tranquila, no sé en qué momento pasó todo esto. ¿Cómo fue que llegaron a él de ese modo? Creo que muchos de los jovencitos que entran en estas cosas piensan que pueden salir con facilidad o que sus padres los pueden rescatar y la verdad es que la única salida la mayoría de las veces es con los pies por delante y en un féretro.

—Imagino que lo van a expulsar, Iván a fuerza lo quiere ayudar, pero le digo que ellos no deberían meterse.

—Pues es lo más seguro que lo expulsen, un alumno así pone en riesgo a todos —contestó Karla con tristeza también.

—Iván y Max lo han estado acompañando a casa y lo recogen —dijo asustada Sol.

—Sí, eso fue lo que comentaron hace un momento, pero es muy peligroso, la verdad —dijo Andrea.

—Es uno de sus mejores amigos. ¿Qué harías tú?

—No lo sé.

Andrea pensó en que Aldana no era tan problemática como le habían dicho, cierto, ella era desastrosa y todo lo que quieran, pero no tenía esos problemas y Alberto tampoco los tenía, ¿por qué no podría estar cerca de él? ¿Sólo por no tener una vida como la de los demás, por ser un poco más rebelde que el resto? Simplemente no era justo. 

Las clases siguieron su curso, pero Andrea volteaba a ver a sus amigas y se daba cuenta que las chicas al igual que ella estaban preocupadas por lo que pudiera pasar con Javier, cuando sonó la campana, todos comenzaron a recoger sus cosas y salieron de la escuela. Andrea estaba afuera platicando con las curvas y todos estaban muy tranquilos, Javier salió y se acercó a ella.

—Me expulsaron gorda, mañana vendrá mi mamá —dijo con tristeza Javier.

—Lo siento, Javier. ¿Qué podían hacer ellos? —expresó Andrea triste.

—Era de esperarse, pero tenía que probar —dijo Javier con tristeza.

—Pues ahora ojalá y tu familia pueda protegerte.

—Sí, lo más seguro es que me manden lejos para que mi vida no peligre —contestó Javier.

Javier levantó el rostro y con terror vio en la esquina de la calle, al mismo tiempo la madre de Iván iba llegando con su camioneta de batea.

Iván salió junto con Max y llegaron a donde estaba Javier con Andrea.

—¿Qué pasa Javier? —preguntó Iván asustado.

—Están ahí —dijo lleno de miedo Javier.

—Mi mamá ya llegó, cuando cuente tres vamos a correr a la camioneta, oíste —dijo Iván con toda la calma del mundo.

—Sí —contestó Javier lleno de pánico.

—Uno, dos, tres. ¡Corran! —gritó Iván

Iván, Javier y Max corrieron a la camioneta con todas sus fuerzas, pero fue ahí cuando uno de los hombres sacó una pistola, al ver eso se escucharon gritos de los jóvenes, el sórdido tiro del arma, alertó, muchos se tiraron. Elisa y Sol dieron un brinco para adentro, Andrea sólo colocó sus manos en su cabeza y sintió que la empujaron para adentro cayendo de sentón al suelo. Todo mundo corría para adentro de la escuela, no hubo más que un tiro y gracias a Dios no le dio a nadie, pero cuando Andrea abrió los ojos, estaba ahí como siempre.

Alberto la tenía abrazada y los dos estaban en el suelo mirándose, él se veía nervioso y no era para menos.

—¿Estás bien? —preguntó Alberto.

—Sí —dijo Andrea asombrada y asustada.

¿Qué podía pensar en ese momento? Ojalá y esto hubiera sido ficción, pero no lo fue, él la había cubierto, una vez más él estaba cuidando de ella.

—Creo que se escaparon —dijo Alberto—, se fueron corriendo tras ellos, pero la mamá de Iván manejaba como loca.

—Qué bueno —contestó Andrea nerviosa y un poco fuera de sí por todo.

—¿Te vieron hablar con él? —preguntó Alberto nervioso.

—No lo sé, no creo, además cualquiera podía hablar con él. ¿No? —contestó Andrea.

Los maestros salieron y los padres de familia estaban asustados, se dijo que habían querido asaltar a la familia Berman, pero no se dijo la verdad. ¿Qué escuela quiere decir que uno de sus alumnos anda metido en un asunto de drogas? Andrea regresó con su papá a casa, como siempre, junto a su hermano y sus primos.

—Dime que tú no sabías nada —dijo Diego molesto.

—No sabía nada, sólo me pidió hablar contigo —dijo Andrea.

—¿Segura? ¿Tú no tienes nada que ver? —preguntó su padre.

—Segura, nunca he probado nada ni quiero hacerlo —respondió su hija.

—Es horrible no poder ayudarlo —dijo con tristeza su padre.

—Lo sé papá y ¿qué harán? —preguntó Andrea.

—Su mamá dice que se cambiarán de ciudad, esperemos que con eso se solucione todo.

—Entiendo —dijo.

—Andrea si llegaras a tener un problema de este tipo, ten la confianza de decírmelo, yo no sé qué le habrán dicho los hermanos Berman a su mamá, pero hoy todo mundo corrió peligro.

—Lo sé, papá.

—Ten cuidado con las cosas que haces, para que no tengas que correr en un futuro —dijo Diego.

—Sí, papá— contestó Andrea.

Más tarde, ella estaba en su habitación y sólo podía pensar en Alberto abrazándola, cuidándola, el primer libro que Andrea había leído en su vida era Romeo y Julieta, creo que ya se los había platicado. Lo criticó porque dijo que era una estupidez que siendo tan jóvenes se enamoraran de esa forma, pero creo que estaba empezando a pensar en cómo la historia de ella con Alberto era parecida. En eso llegó su mamá

—Andrea te viene a buscar Alberto, ya sabes que… —dijo su mamá.

—Sí, ya sé que a mi papá no le gusta que venga a verme.

Andrea caminaba por el pasillo a la salida de su casa, pensando en todo lo que había pasado ese día y en Alberto, en que su papá no lo quería ahí con ella, al llegar lo vio con una paleta extendida.

—¿Y esto? —preguntó Andrea.

—Tregua —dijo Alberto con una sonrisa, ambos se sentaron—, eres la persona que me causa mayor paz en mi vida Andrea, cuando estoy contigo simplemente todo es perfecto.

—Me pasa lo mismo contigo —dijo ella.

—Siempre seremos amigos —dijo Alberto.

—Claro. siempre seremos amigos, ¿por qué habrían de cambiar las cosas?, si siempre hemos sido eso.

Ambos se tomaron de la mano y Andrea sentía calma dentro de ella, sabía que él la cuidaría y era todo lo que necesitaba en ese momento.


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